TianEon
Aprender

¿El I Ching es religioso? ¿Taoísta, confuciano o ninguno de los dos?

Actualizado el 24 de octubre de 2026

El I Ching no es la escritura sagrada de ninguna religión en concreto, y no pide creer en nada. Nació como manual de adivinación en la corte Zhou, se convirtió en el primero de los clásicos confucianos y lo adoptaron taoístas, budistas e incluso misioneros jesuitas, cada uno leyéndolo desde sus propias convicciones. Hoy lo leen personas de todas las religiones y de ninguna, normalmente como un libro de sabiduría sobre el cambio y la conducta.

Sus raíces: la adivinación en la corte Zhou

Antes de que existieran el confucianismo o el taoísmo, existía la adivinación. Los reyes Shang consultaban a sus antepasados agrietando caparazones de tortuga y huesos de buey (卜). Los Zhou, que les sucedieron, usaron también tallos de milenrama (筮), y el Zhouyi (周易), el texto central de los 64 hexagramas con sus Dictámenes y textos de las líneas, era el manual que guiaba la interpretación de esos tallos. Puedes leer cómo funcionaba en el método de los tallos de milenrama.

Aquel mundo era religioso en sentido amplio: daba por supuesto un Cielo (天) cuyo favor importaba y unos antepasados a los que se podía consultar y honrar. Todavía se nota en el texto. El hexagrama 42, Yi (益, el aumento) tiene la línea 王用享於帝,吉, «el rey hace ofrendas al Señor de lo Alto: buena fortuna»; la Gran Imagen del hexagrama 16, Yu (豫, el entusiasmo) habla de la música ofrecida al Señor de lo Alto (上帝) junto con los antepasados; el hexagrama 63, Ji Ji (既濟, después de la consumación) contrapone el fastuoso sacrificio de un buey del vecino a una ofrenda sencilla y sincera. Esas líneas reflejan la vida ritual de su época. No te piden adorar nada.

Cómo se convirtió en un clásico confuciano

Durante los siglos siguientes, alrededor del texto antiguo creció un conjunto de comentarios, las Diez Alas. Convirtieron un manual de adivinos en una filosofía del cambio: el yin y el yang, la oportunidad de la acción, el cultivo del junzi, la persona íntegra. La tradición atribuyó las Alas a Confucio; la mayoría de los estudiosos modernos las sitúan entre los Reinos Combatientes y los primeros Han, escritas por muchas manos.

Bajo el emperador Wu de Han, en el siglo II a. C., los Cinco Clásicos pasaron a ser la base del saber oficial, y los Cambios acabaron encabezándolos. Desde entonces, toda persona instruida en China debía conocerlo. Las Analectas recogen que Confucio dijo que, si tuviera unos años más para estudiar los Cambios a los cincuenta, podría librarse de grandes faltas (五十以學易,可以無大過矣). Hay un relato más completo en Confucio y el I Ching.

Los lectores confucianos no coincidían en para qué servía el libro. Cheng Yi (程頤) lo leyó casi por completo por sus principios morales. Zhu Xi (朱熹) insistió en que se había hecho para la adivinación y debía entenderse primero así, antes de extraer sus principios. Esa discusión, entre «imagen y número» y «significado y principio», recorre toda la historia del libro; consulta imagen y número frente a significado y principio.

Usos taoístas

Los taoístas nunca fueron ajenos a los Cambios. En el siglo III, Wang Bi (王弼) escribió el comentario más influyente de su época a la vez que comentaba el Laozi, y su lectura transmite un sentido taoísta del vacío y de la oportunidad (consulta Wang Bi y la escuela del significado). El Zhouyi Cantong Qi (周易參同契), atribuido a Wei Boyang, usa los hexagramas para describir las etapas de la alquimia; los textos taoístas posteriores de alquimia interior siguen su ejemplo. El canon taoísta contiene muchas obras sobre los Cambios, y el taoísta Liu Yiming (劉一明), de época Qing, escribió un comentario completo que lee cada hexagrama como un paso del cultivo de uno mismo.

Así que la respuesta honesta a «¿el I Ching es taoísta o confuciano?» es: ambos lo reclamaron y ninguno fue su dueño. Es más antiguo que las dos escuelas.

Otros lectores: budistas, cristianos, laicos

El monje budista Ouyi Zhixu (蕅益智旭), de época Ming, escribió una Explicación chan del Zhouyi (周易禪解) que lee los hexagramas en clave de práctica budista. En los siglos XVII y XVIII, algunos jesuitas en China, los llamados figuristas, creyeron encontrar en el texto huellas de la revelación cristiana; uno de ellos, Joachim Bouvet, envió diagramas de hexagramas a Leibniz, que vio en ellos su aritmética binaria (Leibniz y el I Ching). Richard Wilhelm, misionero cristiano, hizo la traducción alemana que la mayoría de los lectores occidentales todavía conoce, y Carl Jung lo leyó como psicólogo.

Cada uno de estos lectores aportó un marco al libro. Lo llamativo es que el libro pudo sostenerlos todos.

Por qué no necesita un credo

Varios rasgos hacen del I Ching un libro especialmente abierto:

  • En él no habla ningún dios. El texto no es una revelación; es un conjunto de imágenes y juicios sobre situaciones. Cuando el Gran Comentario usa la palabra 神, como en 陰陽不測之謂神 («lo que el yin y el yang vuelven insondable se llama espíritu»), describe el obrar misterioso del cambio, no un ser al que adorar.
  • Pregunta por la conducta. Casi todas las líneas te dicen cómo actuar: espera, persevera, contente, coopera. Ese tipo de consejo tiene sentido creas o no algo sobre la tirada.
  • Su figura central es un ser humano. El junzi (君子) de las Grandes Imágenes es un modelo de integridad, no un santo ni un sacerdote (¿quién es el noble?).

¿Puedes usarlo si eres religioso, o si no lo eres en absoluto?

Sí. Los lectores lo resuelven de maneras distintas:

  • Como práctica de reflexión. Mucha gente trata la tirada como una forma estructurada de tomar distancia y ver una situación desde otro ángulo, sin ninguna afirmación metafísica añadida.
  • Dentro de su propia fe. Algunos lectores lo ven como literatura sapiencial, comparable a los Proverbios o al Eclesiastés, y lo leen junto a su tradición. Si tu comunidad de fe tiene una postura sobre la adivinación, vale la pena que la consideres con honestidad por ti mismo.
  • Como patrimonio cultural. Para muchos lectores chinos es simplemente parte de la herencia clásica, y lo leen como se leen las Analectas o a Laozi.

El ritual de la consulta queda a tu criterio. Las instrucciones de Zhu Xi para consultar la milenrama (筮儀) describen una mesa limpia, incienso y una disposición respetuosa; lo que importa es la atención, no la adoración. Encender incienso es opcional; hacer una pregunta sincera, no.

Ponlo en práctica

Cuando hagas una consulta, no necesitas adoptar la cosmología de nadie. Acércate como lo hicieron sus mejores lectores: con una pregunta clara, la mente tranquila y la disposición a que te cuestionen. Lee el Dictamen para ver la forma de la situación y la Imagen para la conducta que sugiere. Si una línea habla de ofrendas o del Cielo, léela como el lenguaje de su época y pregúntate qué actitud describe: sinceridad, gratitud, contención. En eso han coincidido todas las tradiciones que han amado este libro.